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La historia de David Araújo

El embajador celtista en el gigante asiático

Escrito por Marci Varela

Jueves, 10 Marzo 2016 19:58
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David Araújo en China
David Araújo en China

Toca conocer una nueva historia de aquellos aficionados del Celta que disfrutan con su equipo desde fuera de Galicia. Nuestra séptima parada nos lleva hasta China.

Entre las más de 21 millones de personas que viven en Pekín también hay celtistas. Allí vive desde hace cuatro años David Araújo (Vigo, 1978), que trabaja en el consulado español. A esta megalópolis llegó con su mujer tras pasar unos años en la embajada de Filipinas en Manila. Como a la gran mayoría de aficionados, el sentimiento celeste le viene de familia. "Mis primeros recuerdos son los años del 'Celta ascensor', como el famoso descenso en Valladolid en 1986. Como era muy pequeño, no me dejaron ir. Me acuerdo del Celta de Maguregui, Novoa o Colin Addison. Tuve predilección por Julio Prieto, que vino del Atlético de Madrid. Le gente le metía mucha caña porque era apático y frío. Me parecía un jugadorazo", afirma con nostalgia.

David soñaba de niño con ser un futbolista profesional y estuvo cerca de lograrlo. "Me incorporé a la disciplina del Celta cuando era alevín. Con 15 años recibí una oferta del Barcelona y me fui a La Masía, donde tuve como compañeros a Gabri y Puyol, entre otros. Actuaba de interior izquierdo, extremo o mediapunta. Dos años y medio después regresé a Vigo y jugué en el juvenil División de Honor y el filial. Era una época donde no daban tantas oportunidades a la cantera. Fue duro y frustrante para mi generación. No merecíamos ese trato. Había una dinámica de desprecio a los jugadores de la casa. Coincidí con Roberto el portero, Noguerol y llegué a entrenar con Borja Oubiña. Recuerdo que una vez un compañero, Rial, entró en una convocatoria de 20 futbolistas del primer equipo. Se quedó en la grada, pero para nosotros fue una fiesta", relata.

Esta mala etapa provocó que sintiese durante un tiempo un poco de resquemor contra el club de su corazón por culpa del trato de algunas personas. La herida con el Celta cicatrizó con el paso de los años y se convirtió en un aficionado incondicional, sobre todo desde que abandonó Vigo. "Por la tele no es fácil seguir al Celta. La televisión pública china sí da muchos partidos de la Liga, la Premier y la Bundesliga, pero del Celta, al menos regularmente, no se emiten. Por supuesto, hay otras maneras de ver los partidos y, si no puedo seguirlo en directo, de madrugada, lo hago en diferido, al día siguiente, la mayoría de las veces después de llegar del trabajo. Lo más difícil es concienciar a los compañeros de oficina de que no me hablen de fútbol ni de resultados y, por supuesto, evitar leer la prensa en todo el día (esto es más complicado de lo que parece) para ver los partidos sin saber qué ha ocurrido", explica.

Hemos escuchado en decenas de ocasiones, al presidente de la LFP, Javier Tebas, recalcar la importancia de penetrar en el mercado chino. Esta expansión todavía no ha calado en el gigante asiático. "La afición por el fútbol español, en Asia por lo menos, alcanzó su auge cuando España fue campeona del mundo. Desde entonces se mantiene, aunque creo percibir menos camisetas del Barça, del Madrid o de la selección española que justo después del Mundial de Sudáfrica. En China, en Asia en general, creo que son de analizar el deporte más desde la perspectiva de datos, estadísticas, etc. Por eso jugadores como Villa (que marcaba goles) o Torres (por las cifras económicas de sus traspasos) fueron muy valorados en su momento. Obviamente, Messi y Cristiano siguen siendo unos iconos y monopolizan la atención de tal manera que otros jugadores pasan desapercibidos. El Celta, muy a mi pesar, sigue siendo prácticamente desconocido", asegura nuestro embajador en Pekín.

Pese a ser un club desconocido en China, David tiene una anécdota relacionadas con el equipo vigués. "Hace unos años, de visita en Hong Kong, entré en una típica tienda de souvenirs y, de repente, entre inscripciones en chino, cuadros del skyline de Hong Kong o figuras de gatos que mueven la patita, me encontré un pin de Celta. Era muy curioso, porque no había otros pines de equipos de fútbol ni de temática deportiva. Me emocioné tanto, que le di la buena nueva a mi mujer a gritos y, con el revuelo, llamé la atención de la dependienta de la tienda. Cuando me disponía a hacer una foto, la mujer vino fuera de sí a recordarme que había un cartel que prohibía hacer fotografías. Le intenté explicar que era el equipo de mi ciudad, le pedí por favor que hiciera una excepción, pero no hubo manera. Además, como se creó tensión, no procedía preguntarle qué hacía allí aquel pin del Celta y me quedé con la duda de si realmente sabían qué significaba aquel escudo o lo tenían por una cuestión meramente estética…o por haberlo confundido con cualquier otra cosa", cuenta.

Gran amigo de Quique de Lucas, David Araújo coincidió en Pekín con uno de los personajes más odiados por el celtismo: Radomir Antic. "Me sorprendió, dado lo turbulenta que fue su etapa en Vigo, el cariño que le tenía al Celta y a la ciudad. Reconoció con tristeza que tenía una espinita clavada porque no le había ido bien en su estancia allí, pero desde el momento que supo que era vigués y que había estado en las categorías inferiores del Celta se mostró entusiasmado, y habló animosamente de la ciudad y del club y se alegraba por lo bien que estaban haciendo las cosas y resaltó el papel de los canteranos. Yo también tenía un cierto recelo hacia él por lo que recuerdo de su etapa en el club olívico, pero me pareció que expresaba un cariño sincero hacia el Celta", resalta.

A la espera de conocer cuál será su próximo destino, David confía en que el año viene pueda ver al equipo de su corazón disputando la Europa League. "Creo que la línea de juego y los principios como club establecidos por el Celta en los últimos años constituyen ya un verdadero triunfo. La afición está ilusionada, los jugadores se divierten y compiten, y con mucha frecuencia regalan partidazos inolvidables, que, a fin de cuentas, también se pueden considerar pequeños títulos. Recientemente hablé con alguien que lleva ya en el club muchos años, desde su etapa de jugador, y me decía que esta era la época más bonita, incluso más satisfactoria que la de los Mazinho y Mostovoi, a pesar de que los resultados y la calidad de la plantilla no llegan al nivel de entonces. Creo que es el camino que se ha de seguir y alguna alegría mayor de las que ya se nos están dando tendrá que caer por su propio peso, que el fútbol lleva aparejado un componente de azar y suerte enorme, pero no tan grande como para negarle al Celta y al celtismo que algún año consiga una recompensa acorde a sus méritos".

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