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La historia de Rafael de los Arcos

El batería celtista de Manos de Topo

Escrito por Marci Varela

Jueves, 26 Mayo 2016 18:50
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Rafael y Alejandro, los dos celtistas del grupo Manos de Topo
Rafael y Alejandro, los dos celtistas del grupo Manos de Topo

La polivalencia, esa palabra que tanto le gusta a Miguel Torrecilla, es el adjetivo que podría definir a Rafael de los Arcos (Vigo, 1979). Este seguidor del Celta cogió las maletas con 21 años con destino Barcelona para estudiar en la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). En la Ciudad Condal inició su carrera como realizador de publicidad, videoclips y cortos y también como músico en la banda Manos de Topo.

Al contrario que la mayoría de celtistas, la pasión por el club de su ciudad le llegó tarde. "Como la de tanta y tanta gente…mi padre y mi abuelo me lavaron la cabeza de manera discreta y silenciosa, sin darse cuenta. Con 14 años se despertó mi sentimiento celeste y mi ídolo es, sin duda, Vicente", comenta Rafael, cuyo primero recuerdo del club no es en Balaídos, sino "en un partido del Celta Turista contra el Coruxo en A Madroa a finales de los 80". De todas sus vivencias como aficionado, hay una de la que se acuerda especialmente: "Siempre recordaré el día que nos salvamos contra el Espanyol, el famoso 4%. Mi umbral del sufrimiento estuvo cercano al colapso".

Una vez instalado en Barcelona, Rafael tuvo problemas para encontrar celtistas en la ciudad. "Al principio fue difícil, pero después fueron saliendo como setas. Soy uno de los primeros socios de Blau Cel y ahora suelo ver los partidos con Alejandro Marzoa (compañero en el ESCAC y gran amigo) en alguna tasca y últimamente más en su casa". Marzoa y él son los dos miembros celtistas de la banda Manos de Topo, donde el club de sus amores hasta muy presente. "Hace ya muchos años un amigo se abrió paso en una sala gigante de Madrid e interrumpió el concierto porque quería que tocásemos el himno del Celta. No voy a dar nombres, pero era evidente que el susodicho no estaba en buen estado (risas)", recuerda con diversión.

Además de la música y el Celta, sus otras dos pasiones son escribir y rodar. De todos sus trabajos destaca el documental Dos platos y un micro, que narra la historia del hip hop en España desde los años 80 hasta la actualidad. Ahora mismo está trabajando en un documental sobre el U.C. Ceares, un pequeño equipo de barrio de Gijón, que sobrevive gracias al entusiasmo de cuatro amigos. Para poder hacer realidad este proyecto, la productora Boogaloo Films, en la que trabaja Rafael, ha iniciado una campaña de 'crowdfunding' para recaudar dinero. "Es una historia estupenda sobre el verdadero espíritu del fútbol, ese que ha quedado sepultado bajo una montaña de millones. En los barrios se sigue gestando el alma de este deporte", explica nuestra protagonista.

El Equipo de mi Barrio from Boogaloo Films on Vimeo.

Una de sus espinas clavadas es no haber rodado algo relacionado con el Celta, algo que sí ha conseguido su amigo Alejandro Marzoa. "Teníamos un proyecto muy bonito con el club, pero no acabó de cuajar finalmente". Pese haber logrado la clasificación para la Europa League, Rafael, como buen celtista, habla con prudencia del futuro de su equipo. "Es un momento dulce, pero todos tenemos siempre la mosca detrás de la oreja…el éxito es una sensación tramposa".

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