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La historia de Brais Rodríguez

Suizo de nacimiento, celtista de corazón

Escrito por Marci Varela

Martes, 11 Octubre 2016 18:30
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Brais posando con la camiseta de Bongonda en Balaídos
Brais posando con la camiseta de Bongonda en Balaídos

Como miles de gallegos, los padres de Brais Rodríguez (Ginebra, 1987) cogieron las maletas para empezar una nueva vida en Suiza a mediados de la década de los 70. La distancia con Galicia no impidió que nuestro protagonista tuviese debilidad por un color: el celeste. "Mis padres son de Monforte y del Celta y, a mayores de esto, cuando ellos trabajaban me cuidaba un matrimonio de vigueses. Tengo fotos desde los tres meses con ropa del Celta", relata.

La ventaja de vivir en Ginebra, una ciudad con 7 centros gallegos para cerca de 3.000 galaicos, para Brais fue que creció rodeado de celtistas que le convirtieron a la religión del equipo vigués definitivamente con 12 años. De aquella edad son sus primeros recuerdos. "Me acuerdo de los partidos de la UEFA contra Benfica y Juventus. Recuerdo la desilusión de cuando nos eliminó el Lens en cuartos de final. Lloré como un descosido. Tardé semanas en recuperarme. Mi primera vez en Balaídos fue para la fiesta del 75 aniversario, en la que tocaba Santana. De niño me impactó mucho", indica el seguidor celeste.

Con el paso de los años, Brais, junto a sus amigos más fieles al Celta, decidió crear la peña Celtista de Ginebra, que en menos de dos años ya cuenta con 65 socios y de la que es presidente. "Una media de diez peñistas nos juntamos para ver cada partido. En Ginebra también hay una peña del Deportivo que nació antes que la nuestra. La rivalidad es distinta, quizás por vivirla desde la distancia. Cuando juega el Celta siempre se queda algún aficionado del Deportivo a verlo y casi celebra los goles tanto como nosotros. Nos ayudamos en todo lo que podemos. Cuando gana un equipo gallego todo el mundo está contento", comenta.

Una de las aficiones de Brais es coleccionar camisetas de su equipo. Actualmente tiene 164 y le faltan seis para tener todas las que usó el Celta desde que nació. "Las que aún no tengo son las de homenajes a jugadores como Gudelj o Vicente. Las camisetas las tengo más que gastadas. Menos mal que las Umbro son de buena calidad y duran mucho. El fin de semana las llevó puestas y en el coche siempre tengo la bufanda. Mostovoi es mi ídolo, aunque mi primera zamarra fue la de Ratkovic. Mi padre me explicó que quise comprar la suya, pese a que no sabía quién era. Las más especiales son una que usó Mostovoi en la Champions y la que me dio el propio Bongonda en el que para mí fue su mejor partido de celeste (contra el Sevilla en Liga la pasada temporada)", cuenta con emoción.

Respecto al futuro cambio de dueño en el Celta, Brais no puede ocultar su frustración. "Un cubo de agua fría y miedo; le tenia tanto aprecio al señor Mouriño que quedé muy decepcionado. Desde la noticia juego al 'Euromilliones' no para hacerme rico, sino para poder parar la venta. Me duele que no se encuentre a nadie de nuestra zona para ponerse al frente de este club con tanta identidad. Dónde se irán nuestros sueños de sede deportiva, de cantera y de escuelas de fútbol por todo el mundo... Creo que muy lejos de aquí, allá en la libreta de un grupo inversor, que, como su nombre indica, invierten y no por amor... ¡Qué sabrán ellos de afouteza y corazón!", explica.

Más optimista es el presidente de la peña de Ginebra con las perspectivas del equipo para esta temporada. "En este inicio de campaña noto que falta algo de físico. También se nota la ausencia de Orellana. Estoy bastante contento con las incorporaciones. Roncaglia está mejorando y Pione también. Rossi me encanta y aún tiene mucho que regalarnos. Me alegro de los minutos que da Berizzo a Señé y me gustaría ver algo más a Pape. Siempre soy optimista. Diría que ganamos la Europa League, en Liga del séptimo para arriba y la Copa este año no me importa mucho. Que la jueguen los menos habituales", afirma. Ojalá se cumpla la apuesta de Brais.

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El Desmarque